¿Y si tu recuerdo más nítido fuera una mentira? El suspense de vivir con un cerebro traidor
- Helen Flix

- hace 4 días
- 2 Min. de lectura
Seguro que lo has sentido alguna vez. Ese escalofrío que te recorre la espalda cuando alguien cuenta una anécdota de tu pasado y, de repente, te das cuenta de que tu versión de los hechos no coincide con la realidad.
¿Quién miente? ¿Ellos? ¿O es tu propio cerebro el que ha decidido reescribir el guion?
Bienvenidos a mi rincón de letras y diván. Soy Helen Flix, y hoy quiero llevarte por los pasillos más oscuros de la mente humana, esos que transito cada día como psicóloga clínica y que intento descifrar en mis novelas de misterio.
El cerebro no es una cámara de seguridad
Tenemos la romántica idea de que nuestra memoria es un archivo impecable de fotos y vídeos. Nada más lejos de la realidad. El cerebro es, en esencia, un novelista compulsivo.
Cuando vivimos algo doloroso o traumático, nuestra psique activa un mecanismo de defensa fascinante y terrible, la amnesia disociativa.
No es que olvides porque quieras; es que tu mente levanta un muro de hormigón para que puedas seguir caminando sin romperte. Pero ese muro tiene grietas.

Los «falsos recuerdos»: Cuando el silencio se llena de ruido
Lo más inquietante no es lo que olvidamos, sino lo que inventamos para llenar el vacío. El cerebro aborrece los huecos en la trama de nuestra vida. Si falta un fragmento de una noche fatídica, tu mente «tomará prestado» un olor, un color o una frase escuchada años después para completar el cuadro.
Es lo que en clínica llamamos alucinación retrospectiva. Tú jurarías ante un juez que el asesino llevaba un abrigo rojo, pero quizás ese color solo es la proyección de tu miedo más profundo.
¿Por qué escribo sobre lo que me asusta?
Mucha gente me pregunta por qué, después de pasar el día escuchando los laberintos de la mente en consulta, vuelvo a casa a escribir sobre crímenes y sombras. La respuesta es sencilla: escribir es mi forma de buscar la luz.
En mis historias, utilizo la ciencia para dar forma al suspense. No busco el susto fácil; busco que tú, como lector, sientas esa misma duda que sienten mis pacientes: ¿Puedo confiar en lo que recuerdo?
El misterio se resuelve en el cuerpo
Si quieres saber si alguien (o tú mismo) está ocultando algo, no escuches sus palabras. Escucha su cuerpo. La memoria traumática regresa en forma de taquicardia, de un nudo en la garganta o de una sensación de irrealidad. El misterio siempre se resuelve en la piel antes que en el intelecto.
¿Te has quedado con ganas de más?
Si te apasiona cómo la psicología se entrelaza con el suspense más puro, te invito a quedarte por aquí. Explora mis libros, asómate a mis casos de ficción y, sobre todo, pregúntate: ¿Qué historia se está contando tu mente hoy para protegerte?
¿Has tenido alguna vez un «falso recuerdo» que resultó ser clave? Cuéntamelo en los comentarios, te leo con atención clínica.
Helen Flix





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